Envejecimiento cutáneo (Parte 1). Post 8

 

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LAS EDADES DE LA VIDA

La edad es el tiempo que una persona ha vivido desde su nacimiento. A partir de ese momento o al finalizar el desarrollo va a tener lugar en el organismo humano un proceso evolutivo, lento y constante, que dará lugar al envejecimiento. Este proceso puede definirse como el conjunto de cambios fisiológicos que se producen en los organismos vivos con el paso de los años, provocando una disminución de la capacidad de las defensas frente a factores que pueden causarle la muerte. En la niñez hay una inmadurez de algunos sistemas del organismo, como el óseo, el nervioso y el sexual; en la madurez, estos sistemas se han desarrollado y están en su plenitud; y en la vejez, por el proceso de envejecimiento que sufre el organismo, hay un deterioro de todos ellos. La vejez es una etapa de la vida, como la niñez y la madurez. Es un fenómeno universal e irreversible, el último periodo de la vida del hombre y no hay ninguna posibilidad de cambiar este orden. Se tiene que considerar, por tanto, como un hecho fisiológico e inevitable.

Representar las edades, como un viaje sin retorno que completa el ciclo de la vida humana, ha atraído desde siempre a los artistas. Pintores como Giorgione, Tiziano, David Fridrich, Gustav Klimt, Picasso y Dalí, lo han hecho, siendo, el más característico tanto por la fuerza en el desarrollo del tema como por las variadas interpretaciones del mismo, Hans Baldung Grien.

 

Envejecimiento cutáneo. Sección Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués SerranoAmpliar imagen Las tres edades de la vida y las tres gracias. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués

Hans Baldung Grien (Suabia, hacia 1484- Estrasburgo, 1545) fue uno de los artistas más importantes y completos del Renacimiento alemán, pues además de pintor fue grabador e ilustrador. Se formó en Nuremberg, en la escuela de Durero, del que fue su discípulo más aventajado, aunque él creó un estilo personal, lleno de imaginación y misterio. Posteriormente se trasladó a Estrasburgo donde instaló su taller, especializándose en temas religiosos y en pinturas llenas de simbolismo con elementos irreales, extraños y macabros, que asocian a la muerte el concepto de vanitas. Hecho no tan raro, ya que, en aquella época, el círculo cultural de la ciudad estaba plagado de humanistas interesados en temas como la alquimia y la brujería. Su pintura está influida por Grünewald y Cranach.

Las tres edades y la muerte es una tabla de gran formato, alargada, con figuras de un tamaño casi natural. En primer plano aparece una mujer joven y bella, que se cubre en parte púdicamente; detrás hay una anciana decrepita, que la arrastra; y, por último, se encuentra a la muerte, que se aferra al brazo de la anciana. Ajeno a todo, un niño duerme en el suelo plácidamente. La parca lleva en una mano una lanza rota, que es un símbolo sexual, y en la otra, un reloj de arena para medir las tres edades de la vida. Baldung ha hecho una sobrecogedora representación de la vejez en la figura de la anciana. Su piel es flácida, ha perdido toda elasticidad y turgencia, el pelo es ralo y blanquecino, y el color de la piel es amarillento, en contraste con la piel de la mujer joven, que es de un color natural. El fondo, en tonos ocres y amarillos, es un paisaje desértico, con el tronco de un árbol muerto y seco, un torreón militar en ruinas y, en lo alto, aparece una pequeña imagen de Jesucristo, iluminada por la luz de un sol y entre nubes. En primer plano hay una lechuza, animal que se relaciona con la oscuridad y la noche.

Las tres gracias muestra a Aglaya, Eufrósine y Talía, que en la mitología griega son las hijas de Zeus. Éstas han sido pintadas por un gran número de artistas, y siempre como ideal de belleza femenino. Al comparar estos dos cuadros, Baldung ha representado de una forma magistral la juventud con la salud, y la belleza en su plenitud contrastando con hay fealdad y desolación en la vejez del ser humano.

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Sofonisba Anguisola. Autorretrato.. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués Ampliar imagen

Sofonisba Anguisola. Autorretrato. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués.

Sofonisba Anguisola (Cremona,1530-Palermo,1626), pintora del manierismo italiano, fue hija de Amilcare y Blanca Ponzone, pertenecientes a la baja nobleza genovesa.
Las hermanas cremonesas Sofonisba, Anna Maria, Lucia, Minerva, Elena y Europa, son un caso insólito en la historia de la pintura, pues todas, además de ser mujeres instruidas en lenguas latinas y música, fueron notables y precoces retratistas.

Sofonisba adquirió su aprendizaje con Bernardino Gatti, y parece que el mismo Miguel Ángel contribuyó a su formación en la faceta de dibujante. Considerada una gran retratista, por su estilo minucioso y colorista, en 1559 se trasladó a España como dama de la reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II. En la corte española alcanzó la fama, ya que durante su estancia realizó una serie de extraordinarios retratos de la familia real y de importantes personajes de la aristocracia, Retrato de Isabel de Valois, Retrato de la infanta Catalina Micaela, Felipe II, y del Príncipe Carlos adolescente son algunos ejemplos.

Tras la prematura muerte de la reina, Felipe II pactó su matrimonio con el hermano del Virrey de Sicilia, Fabricio de Moncada, del que enviudó en 1579. Un año después, en 1580, contrajo de nuevo matrimonio con el noble genovés Orazio Armenillno, con el que vivió una larga y placentera vejez, dedicándose en esta etapa a la pintura religiosa de pequeño formato.

Autorretrato de 1556, es el más famoso de la serie de autorretratos que Sofonisba realizó a lo largo de su vida. En él, la artista, mientras pinta una escena religiosa, se gira y se muestra, al espectador que la observa, a la edad de veintiséis años. Tiene un rostro sereno, de facciones agradables: ojos azules, nariz y boca proporcionada, y una piel fina y traslúcida. Su cabello castaño va recogido en un trenzado.

Autorretrato de 1610, considerado su ultimo retrato realizado a la edad de sesenta y siete años, aun la quedaban muchos años de vida ya que murió a los noventa y seis años, algo inusual para la época. En él aparece sentada en un sillón, sujetando un libro, y vestida con un traje negro que contrasta con la gola blanca. Es la imagen de una anciana, en la que no queda ni rastro de la joven que un día fue. Su cabello ha encanecido, la mirada ha perdido luminosidad, la nariz es prominente, los labios se han afinado, y la piel surcada de arrugas, son más profundas a nivel y amos surcos nasolabiales.

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TEXTURA Y ARRUGAS DE LA PIEL

El diccionario define la palabra textura como el entrelazamiento, la disposición y el orden de los hilos de un tejido. Si se refiere a la textura de la piel, se trataría de la disposición y el orden de las distintas capas que la componen, y sería a su vez la responsable del aspecto de la piel, que es la manera de aparecer o presentarse a la vista.

La piel es un reflejo de la edad biológica, que no siempre corresponde a la edad cronológica. Pero la piel, a pesar del proceso de envejecimiento que sufre, sigue cumpliendo su principal función, que es la de protegernos frente al medio ambiente. Aunque casi nunca es la causante de la muerte del individuo, a diferencia de lo que ocurre con otros órganos internos que envejecen, los cambios que aparecen en ella suelen ser los signos más visibles del envejecimiento de una persona.

Una piel envejecida es fina y transparente, con lesiones descamativas, y al tacto resulta seca y áspera por la pérdida del manto hidrolipídico que la protege. Sin embargo, la alteración que se relaciona con más frecuencia con el envejecimiento cutáneo es la aparición de arrugas, que son pliegues y surcos que se forman al disminuir las fibras colágenas y elásticas de la dermis, produciendo una pérdida de la elasticidad y la turgencia de la piel.

En la cara los primeros signos del envejecimiento se manifiestan por unos pliegues naturales más marcados, arrugas trasversales en la frente, verticales en la región interciliar, y finas arrugas, las llamadas “patas de gallo”, en las regiones periorbiculares. Así mismo el surco nasogeniano se hace más profundo y se desplaza hacia la región submandibular. También las mejillas tienden a caer aplanándose, además, la prominencia malar. En el cuello se intensifican los sucos transversales y aparecen líneas verticales.

El envejecimiento cutáneo viene determinado por múltiples factores: predisposición familiar, las radiaciones solares, factores hormonales, nutricionales, e incluso el estado psíquico del individuo, ya que se dice que las personas nerviosas desarrollan más arrugas en su cara, pues con su mímica constante someten a la piel a un desgaste permanente.

FRANCISCO COLLANTES
San Onofre, hacia 1645
Madrid, Museo del Prado

Niños en la playa, 1910- Sorolla. Medicina, piel y arte. Una sección de Olga Marques Ampliar imagen San Onofre. Francisco Collantes. Medicina Piel y Arte. Una sección de Olga Marques

Francisco Collantes (Madrid, 1599-1656) fue un pintor del Barroco español que realizó una obra de pequeño formato y se especializó en temas bíblicos y paisajísticos. Esta considerado uno de los mejores representantes de la España del siglo XVII de este último género.

Sus religiosas tienen una clara influencia de Ribera, destacando entre todas una impresionante Visión de Ezequiel, de 1630, que se encuentra en el Museo del Prado.

San Onofre presenta al santo, nacido en el siglo V, que según la leyenda fue hijo de un rey. Está representado como un ermitaño, con una espesa y larga barba, vestido con su propia cabellera y hojas de palmeras. En el cuadro aparece con los atributos del cuervo y la corona de punta.

Collantes ha sabido mostrar con gran realismo el envejecimiento de la piel, con las profundas arrugas que surcan su frente, sus mejillas.

Es una pintura extraña para su época, con un espléndido fondo paisajista, una gama de colores exquisitos y pincelas sueltas. La obra, anteriormente atribuida a Ribera, procede de las Colecciones Reales, en las que figuraba como propiedad de Isabel de Farnesio.

Niños en la playa, 1910- Sorolla. Medicina, piel y arte. Una sección de Olga Marques Ampliar imagen

 

JOSE DE RIBERA
Demócrito, 1614
Londres, Colección privada

Demócrito. José de Ribera. Medicina, Piel y Arte. Una sección de Olga Marqués Serrano Ampliar imagen

Demócrito. José de Ribera. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués

Demócrito, conocido como el filósofo que ríe, está pintado de medio cuerpo, mirando de frente y con gesto sonriente al espectador. Sentado tras una mesa, sobre la que se encuentra un tintero y una pluma, muestra una carta que acaba de escribir, lo que confirma su carácter de erudito.

Demócrito vivió entre los siglos V-IV a. C, y fue un filósofo griego presocrático y matemático, discípulo de Leucipo. El cuadro, pintado alrededor de 1614, pertenece al periodo inicial de Ribera, durante su estancia en Roma, y será el primero de una larga serie de retratos de filósofos y sabios antiguos, que plasmara con frecuencia en las siguientes décadas.
El personaje lleva un ropaje digno y elegante, algo que no ocurrirá en sus siguientes cuadros de filósofos para los que escogerá como modelos a auténticos mendigos a los que viste con harapos, como ocurre con el Demócrito en 1630. Sin embargo, la cara repleta de profundas arrugas que surcan la frente, el pliegue interciliar, los parpados y la región mentoniana, así como el cuello muy envejecido, demuestran que el modelo tuvo que ser un humilde campesino, que pasó gran parte de su vida trabajando al aire libre, y recibiendo los rayos del sol. Ribera, pintor naturalista por excelencia pinto como nadie, la piel envejecida y arrugada de sus personajes.

El foco de luz, que entra por la izquierda, forma una marcada diagonal que ilumina y resalta el cuerpo del filósofo, recortado ante un fondo neutro.

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ESTEBAN DE RUEDA
Santa Ana con la Virgen y el Niño, (Detalle)
Villavellid (Valladolid), Iglesia parroquial de Santa María

Santa Ana con la Virgen y el Niño. Esteban de Rueda. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués Ampliar imagen Santa Ana con la Virgen y el Niño. Esteban de Rueda. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués

El detalle que muestra la cabeza de Santa Ana pertenece, por su perfección técnica y por la rareza de la composición, a uno de los grupos escultóricos más singulares que se conservan en la provincia de Valladolid: Santa Ana con la Virgen y el Niño.

El personaje, la abuela, está caracterizada como una autentica anciana, tanto por su ropa, una toca de gran calidad en el plegado y en la policromía, como por las profundas arrugas faciales que esculpidas de forma magistral afectan tanto a la región frontal, como a las regiones periorbiculares y peribucales.

La obra durante siglos fue atribuida a Juan de Juni, por la semejanza que el rostro de Santa Ana tiene con algunas cabezas originales de este artista. Desde 1976 se la considera perteneciente a Esteban de Rueda y realizada en la escuela escultórica que, a principios del siglo XVII, existía en la ciudad de Toro (Zamora).

Santa Ana con la Virgen y el Niño. Esteban de Rueda. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués Ampliar imagen

 

OTTO DIX
Madre y Eva, , 1935
Essen, Museum Folkwang

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Madre y Eva. Otto Dix. Medicina, Piel y Arte. Olga Marqués

Otto Dix (Gera 1891-Singen 1969) considerado como uno de los grandes pintores alemanes del siglo XX formó parte de la Nueva Objetividad y del Expresionismo alemán. Al estallar la Primera Guerra Mundial, en 1914, se alistó como voluntario en el regimiento de artillería del ejército alemán; esta experiencia personal se convertirá en uno de los referentes fundamentales de su obra que tendrá, a partir de entonces, un componente de sátira mordaz y crítica corrosiva. Se instaló en Berlín entre los años1925 y 1927; allí vivió el mejor momento de su carrera artística ya que se convirtió en un artista muy cotizado y en una figura imprescindible del Modernismo alemán.

Con la llegada al poder de los nazis, en 1933, fueron prohibidas sus obras. A partir de ese año comenzó una etapa muy dura en la vida del artista. Los nacionalsocialistas le califican de “pintor degenerado” y le incluyen en la famosa y difamatoria exposición de Entartete kunst (arte degenerado) de Múnich. Casi al final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, fue llamado a filas; tenía 54 años y fue hecho prisionero por los franceses. Un año después consiguió la libertad y regresó a su casa de Hemmenhofen, cerca del lago Constanza, donde había establecido su residencia tras años de peregrinajes por distintas ciudades alemanas. Su obra fue muy reconocida y recibió, hasta su muerte en 1969, gran cantidad de premios y galardones.

Madre y Eva es un retrato doble familiar que muestra a la madre del pintor Louise Dix con su nieta Eva Kolberg, siendo a la vez una representación admirable de la vejez y la niñez en el ser humano.

El cuadro, pintado por Otto Dix en la década de los años 30, muestra en un primer plano a una niña jugueteando alegremente con unas flores sobre el regazo de la abuela que, absorta en sus propios pensamientos, no parece darse cuenta de su presencia.

La mujer vestida con sencillez, tiene el pelo encanecido y pobre, la mirada ausente, y la boca contraída en un rictus de amargura. Pero lo que sobresale con fuerzas en su rostro es la piel surcada por multitud de arrugas, que recuerda a un mapamundi cutáneo. Es una piel envejecida no solo por los años, sino por una exposición prolongada a los rayos del sol. Así, a las profundas arrugas transversales de la frente y verticales de la región interciliar, se añaden las pequeñas arrugas de la piel del labio superior, de ambos parpados superiores, y las que cruzan la región del mentón que adoptan, a veces, una disposición romboidal, típica de una elastosis actínica. También llaman la atención sus fuertes y envejecidas manos que reposan suavemente en su regazo. El fondo es un paisaje en el que se vislumbra el lago Constanza, tantas veces pintado por Dix en esa época.

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GIOCONDA BELLI
(Managua, Nicaragua, 1948)

Desafío a la vejez

Cuando yo llegue a vieja
—si es que llego—
y me mire al espejo
y me cuente las arrugas
como una delicada orografía
de distendida piel.
Cuando pueda contar las marcas
que han dejado las lágrimas
y las preocupaciones,
y ya mi cuerpo responda despacio
a mis deseos,
cuando vea mi vida envuelta
en venas azules,
en profundas ojeras,
y suelte blanca mi cabellera
para dormirme temprano
—como corresponde—
cuando vengan mis nietos
a sentarse sobre mis rodillas
enmohecidas por el paso de muchos inviernos,
sé que todavía mi corazón
estará —rebelde— tictaqueando
y las dudas y los anchos horizontes
también saludarán
mis mañanas.

 

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